
no resultará extraño para nadie que el objeto se fije hoy en esta mordaza. hay mucho en esta imagen en lo que centrarse, pero el objeto en ese instrumento de silencio, en esa herramienta que hace que no puedas quejarte, ni negarte, ni asentir. el silencio le da todo el poder al otro. no hay opinión, y por tanto libertad, ni tampoco reflexión, y por tanto pensamiento. el silencio te somete y te encierra en ti mismo, aislándote del exterior, dejándote a la merced de lo que te rodea. un gruñido no es consentimiento, como tampoco es afirmación. por tanto la decisión no depende de ti, sino de otro. ahí está la clave del bdsm.

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