El amo me llevo a una puerta, pero no la abrió. “Quédate aquí.” Descansé el culo en los pies y no me moví. Le oí volver, pero me sorprendió cuando empezó a ponerme una capucha. No tardó nada en ajustarla a mi cabeza perfectamente. Otra extraña sensación que no conocía hasta entonces–tenía agujeros para los ojos, la nariz, y la boca, pero la presión que sentía alrededor de toda mi cabeza me gustó–tanto que mi polla gritaba de dolor. Y después, me puso unos mitts en las manos que las inutilizaba. Entonces abrió la puerta. Era una pequeña habitación–más bien una celda. Las paredes y el suelo estaban cubiertos de losas. Había una pequeñísima ventana, pero sólo dejaba entrar luz–no podía ver el exterior. Vi que la única bombilla se encendía desde fuera. En una esquina vi lo que me parecía un váter de pulso. A un lado había una colchoneta con manta y almohada. Y en el suelo, justo al entrar, dos platos hondos, uno lleno de agua, y otro lleno de lo que parecía comida para perros. “Entra.” Contra todo instinto, obedecí.
diario de un objeto
este es el nuevo espacio de diariodeunobjeto, que antes fue diariodeunesclavo. debido a diferentes circunstancias hemos tenido que mudarnos de servidor pero esperamos que este sea definitivo, al menos durante algún tiempo.

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