a mi AMO le gustan las botas y las mordazas. una de las reglas de mi esclavitud es no hablar en su presencia hasta que sea preguntado. el silencio se convierte entonces en una forma de sumisión y obediencia.
cuando aún estaba iniciándome en esto del bdsm, recuerdo una conversación con un amigo que había tenido una experiencia estraña al respecto. estaba tomando un café con una pareja y salió el tema de la sumisión y los esclavos. uno de ellos admitió que ellos tenían ese tipo de relación y que el otro era su sumiso. mi amigo no se lo creía, así que el amo ordenó a su esclavo que no hablara a partir de ese momento, y le dijo a mi amigo que no volvería a hablar en toda la noche. mi amigo se sorprendió en extremo, pero el hecho es que, a pesar de intentarlo durante bastante tiempo, incluso a solas, el esclavo no dijo una palabra.
esta anécdota es algo que se me ha quedado grabada y que es algo recurrente. aún no tenía, ni remotamente, idea de que conocería a mi AMO, ni que a EL le gustaría el silencio. en un mundo como el nuestro donde hablamos sin parar y la mayoría de las veces no decimos nada, la vivencia del silencio se vuelve algo escandaloso. el silencio del esclavo le dijo a mi amigo mucho más que cualquier discurso sobre la sumisión.

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