
la mirada también se entrena, se prepara, se modifica. incluso viendo a dos lederones una mira entrenada puede distinguir las sutiles diferencias entre ellos. para cualquier otro hay igualdad, simetría, similitud. sin embargo, si existe, alguien con las claves suficientes es capaz de distinguir al Amo del esclavo. no es este el caso, ya que el inferior queda perfectamente reflejado, pero supongamos que el sumiso no está tan claramente controlado por el Dominante, que los veamos caminando uno junto al otro. puede ser que uno tenga chaqueta y el otro vaya en mangas de camisa, o que uno lleve guantes y el otro no, que uno vaya cubierto y otro no o que uno tenga un arnés en la pierna izquierda y el otro no. la cuestión es que hay infinidad de detalles que marcan el lugar de cada uno, la posición que ocupa en la jerarquía, su lugar en el mundo. porque aunque se nos vayan infinitas energías en ello, no podemos ocultar lo que somos. nuestra naturaleza se destila a nuestro alrededor y lo transmitimos como un aroma, como un perfume, como algo que se expresa y se extiende envolviéndonos. sólo hay que estar ligeramente entrenado para poder percibirlo y darnos cuenta de esos pequeñísimos detalles que dan sentido a todo.

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