
esto entiende que no se entienda. comprende que nadie pueda desear desaparecer, perder su nombre, su rostro, su identidad, no ser reconocido, no ser identificado. puede ser una idea muy dura, difícil de digerir. igualmente puede serlo que te quiten tu sexualidad y que encierren tu apéndice en una jaula. puede ser más comprensible que sea durante un tiempo determinado por motivos fetichistas, precisamente para hacer que el siguiente orgasmo sea una explosión mucho más intensa que cualquiera anterior. además puede ser igualmente extraña y rechazable la idea de que, con todo lo que han luchado los humanos por poder expresarse libremente, que quieras vivir amordazado, en silencio, sin poder dar tu opinión o decir lo que piensas. el objeto puede entender que todo esto sea rechazable, muy rechazable de hecho para algunos, incluso que pueda parecer perverso y repugnante. pero eso no quita para que muchos inferiores sea precisamente lo que necesitan, lo que añoran, lo que buscan y lo que anhelan. la respuesta fácil es decir que esos sumisos, cada vez más, son enfermos y que necesitan tratamiento, que un trauma de la infancia les ha hecho así y que hay que ayudarles a curarse. este argumenta se choca con el hecho de la felicidad. estos inferiores son felices, y no solo lo son intensamente, sino que su situación es buscada y «libremente» aceptada. ¿o es que el deseo solo es aceptable cuando está acorde con los tuyos propios o aquellos que la sociedad considera aceptables? que cada año más y más sumisos se definan como objetos es una señal de que lo que la sociedad nos plantea como válido, como aceptable, como «normal», no es más que la forma que tienen los que ostentan el poder de imponer sus propios criterios.

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