
la Superioridad ni se pide ni se adquiere, a lo sumo se reconoce. se detecta. se percibe. uno sabe cuándo está ante un Superior. sencillamente lo sabe. hay gente que no tiene entrenada esta sensibilidad, pero los inferiores venimos con ella de nacimiento. desde muy pequeño el objeto tuvo problemas, y sigue teniéndolos, con la autoridad. solo era la manifestación de su inferioridad que no había sido puesta en su sitio, que no había sido explicada. el objeto entendía su tendencia a someterse a las personas con autoridad como conflicto, como una debilidad, porque desde pequeño le han dicho que la forma correcta de existir es como un triunfador, como alguien que se impone sobre los demás. y ese es el camino de la perdición, el camino que ha llevado a muchas personas a la depresión y al tratamiento psicológico. porque realmente no vivimos en una sociedad que transmita igualdad. vivimos en una sociedad donde tienes que triunfar, pero por mucho que lo intentes no todos podemos ser vencedores. el tema es que no hay nada malo en someterse, en servir. cuando mi Señor mostró esta realidad a su objeto, todo cambió. todo encajó. todo adquirió sentido. el camino del entrenamiento de un esclavo es realmente el camino de su deconstrucción, de ir perdiendo todas esas ideas que desde pequeño se han ido inculcando sobre el triunfo, sobre el éxito, sobre imponerse. no hay metas innalcanzables, sencillamente hay que reconocer los que uno es y lo que uno necesita para ser feliz. para algunos es la sumisión, para otros la autoridad.

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