
en el proceso de desconstrucción de un inferior, llega un momento en que te das cuenta de que eres un ser que no tiene derechos. este objeto es plenamente consciente de que esta afirmación puede resultar chocante para muchos, incluso criticable, pero volvemos a la misma cuestión alrededor de la que gira este blog: si un inferior suplicara, de manera consciente y voluntaria, a su Amo que le privara de los derechos, ¿quién tiene la capacidad de decir que no puede hacerlo? ¿no estaría cortando su libertad al prohibirle hacerlo? en el fondo el bondage, la castidad, las mordazas, ¿no privan al inferior del derecho a moverse, al placer y a la opinión? se puede argumentar que es una privación momentánea y que luego se recuperan. ¿y si alguien no quisiera recuperarla? el objeto no dice que este debe ser el camino de todo el mundo, pero sí puede ser el camino de aquel que lo elija, o que lo necesite. un inferior puede necesitar renunciar a su sexo, de ahí el pantalón de castidad, o a su palabra, de ahí su mordaza, o puede necesistar depender del Amo, por eso sus manos a la espalda. una sociedad con derechos inalienables es fantástica. el objeto no reniega de ella, pero precisamente porque es así, es el derecho del objeto renunciar a sus derechos.

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