
una de las experiencias más humillantes de un sumiso es cuando, estando amordazado, comienza a salivar incontroladamente. eso suele ir acompañado de un intento de hablar y de la imposibilidad de hacerlo. como hemos dicho en muchas ocasiones, la humillación es el alimento del inferior y la mejor vacuna contra el ego. el ego huye de la humillación porque lo único que quiere es imponerte sobre los demás. si te humillan bajas de nivel y el ego no puede soportarlo. por eso es conveniente, e incluso necesario para un inferior. la cara del sumiso es suficientemente expresiva para darse cuenta de que está en este proceso. ha empezado a dejar de pensar, a someterse, a perder su individualidad. se está volviendo cada vez más obediente. no hay resistencia, no hay lucha. solo entrega y sumisión.

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