
dos palabras vienen a la mente del objeto cuando ve esta imagen: perdido y centrado. para el objeto esta es una de las situaciones más intensas en las que se puede poner a un inferior. más incluso que una buena follada o que una profunda humillación. en privación sensorial por la capucha y la mordaza, el sumiso pierde contacto con el mundo exterior. atado y bien sujeto, pierde la capacidad de moverse, pero también de responder ante un peligro, de reaccionar ante su entorno, de contestar a cualquier estímulo. ha perdido su capacidad de reacción pero eso, psicológicamente, le lleva a mirar en su interior y a centrarse en sí mismo. curiosamente las pinzas le ayudan a eso porque se convierten en la única sensación que recibe, una sensación de dolor que paulatinamente se convierte en una reacción de placer a medida que acepta ese dolor y que no lucha contra él. aparentemente es una imagen de calma, pero dentro del sumiso se están produciendo procesos y se están liberando y moviendo fuerzas muy potentes, que lo transformarán, casí sin tener que hacer nada más, sino estando así un tiempo determinado. cuanto más tiempo, más intenso el efecto. es como si pusiéramos algo a fuego lento y comenzara a derretirse. al final acabamos con algo diferente de lo que teníamos al principo, y aquí, lo quiera o no, estamos derritiendo al esclavo.

Deja un comentario