
para el objeto pocas cosas son tan intensas como querer algo y no poder: hablar, mover la cabeza, levantar un brazo. nada de esto es posible cuando estás atado y amordazado, que es el estado natural en el que el Dueño quiere mantener al objeto. no es algo meramente físico sino algo, que llega por el cuerpo al interior del inferior. las correas el tintineo de los candados, incluso el olor del cuero, todo juega a favor para crear un escenario donde esta comunicación sea posible. a esto hay que añadir el tiempo. cuanto más dura, más profundo es el efecto.

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