
nunca viene mal una vuelta al clasicismo, a lo puro, a lo originario. un buen collar, una buena mordaza, un antifaz tal vez, y el inferior es convertido en un esclavo, en una posesión. lo que aparentemente es humano acaba siendo un inferior y quien parecía que controlaba su vida se vuelve controlado. la salivación solo aumenta la intensidad de la humillación, la hace más dura, al no poder controlar una función básica del cuerpo. es otro paso más. el bdsm está lleno de estas sutilezas, de estas cosas que parecen insignificantes pero que al final no son sino pinceladas de un gran cuadro, el cuadro de la Dominación y la sumisión.

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