
entrar en el bdsm es invertir el mundo, verlo al revés. aceptar que aquello que parece liberador te esclaviza, y descubrir que aquello que todos creen que te esclaviza, realmente te libera. es la experiencia de ser atado y sentirte más libre que nunca, de someterte y darte cuenta de que nunca te has sentido más valorado. es la sensación de obedecer y ser feliz, mientras que cuando tienes que elegir te sientes desgraciado. es descubrir que el mayor placer viene de la castidad, y que masturbarte o correrte es un castigo. en el bdsm las cosas se invierten con respecto a los valores del mundo, de aquello que está fuera de nosotros, de aquello que proclama los derechos y las libertades pero que luego las reduce o elimina según el interés de los más poderosos. aquí el poder está en el servicio, un servicio de los inferiores hacia los Superiores, pero también en cierta medida el servicio del Superior que se compromete a llevar a su inferior hasta su máximo desarrollo.

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