
ya no hay nada que decir. llega un momento en la relación de Dominación/sumisión que sobran las palabras. la pérdida de poder es tan grande, y se convierte en tan necesaria, que el inferior deja de necesitarlas. si además, como es el caso, uno de los mayores fetiches del Dueño es amordazar, entonces tenemos la combinación perfecta. llegar a este punto no es fácil, ni se puede forzar, ni ocurre sin currárselo. es fruto, paradójicamente, de muchos años de comunicación, de conocerse, de abrirte a tu Amo para que te conozca y luego te modifique a su conveniencia. consiste en ir muriendo poco a poco a muchas cosas, para renacer a otras más plenas y satisfactorias. hay mucho trabajo detrás del silencio. no es una mera cuestión de callarse, de no pronunciar palabra. es fruto del convencimiento de que la palabra del Dueño es superior a la tuya, de que el Dueño tiene todas las respuestas, al menos las que tú necesitas, de que no puedes aportar nada más que tu obediencia. cuando llegas ahí, el silencio es la única opción, porque es la opción más lógica.

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